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Se viene la Navidad, época de paz y amor, de caridad y gula, de borracheras y alegría en familia...

Esta Nochebuena, coman hasta saciarse, coman hasta reventar, y guarden las sobras, quizá los pobres reciban su pollo obsequiado por el gobierno, y sus cobijas, y sus ponches calentitos... quizá...



Hermanos y hermanas; cordialmente les invito a asistir a un albergue durante los próximos días decembrinos (imagino que todos tienen la posibilidad de hacerlo, un par de horas nadas más), y que ayuden, voluntariamente, a servir una comida humilde y benéfica a nuestros hermanos y hermanas desamparados.

La experiencia les tocará el corazón, les aseguro. No en nombre de Dios, ni de ningún símbolo. Háganlo por probar y nada más. Quienes posean prendas y ropa de invierno que ya no les sirvan; atrévanse a obsequiársela a un pobre. Visiten algún hospital el día de Nochebuena, y compartan una rebanada de pastel o de carne con algún enfermo solitario...

Días festivos sobrarán, como siempre. Días de caridad seguirán faltando, como siempre. Es una inmensa alegría el ir a la casa de una familia de bajos recursos, y llevarles regalos a los niños y niñas, dejarles un poco de comida para su cena navideña, y después recibir esa gratitud, que, no obstante, deja un sentimiento inigualable en el alma, una calidez que ninguna botella de vino o licor puede hacernos sentir.

Ateos o creyentes, estoy seguro de que a todos nos gusta ayudar. Cada Navidad es conveniente hacer algo distinto, tanto en familia como en lo personal. Tomen en cuenta, pues, ésta invitación, y aquellos que se animen ojalá se queden con las ganas de seguir repitiendo la experiencia.

El consumismo es un monstruo que se antoja invencible. Empero, si tenemos para comprar regalos a todos los miembros de nuestra familia... tendremos, seguramente, unas cuantas monedas, y sino, un poco de tiempo para compartir con alguien ajeno a nuestro lazo sanguíneo y amistades...

Que esta no sea otra Navidad triste para algunas personas. La celebración tendrá mucho más sabor y significado cuando nos sentemos en familia, en la cena de Nochebuena, y tengamos en la memoria ese recuerdo de caridad, de hermandad, y de generosidad humana.